31 octubre, 2020
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Felicidades, Madre de Flores

En el día del nacimiento de la Santísima Virgen de Flores pongo a sus pies el Pregón de su V Centenario que tuve el honor de pronunciar el 3 de noviembre de 2002. Ver más

Súplica.-

Dios te salve Señora,
Patrona y Madre nuestra.
Tú eres flor de las flores,
Yo te saludo Madre,
Por siempre tu María,
eres la luz en mi camino,
mi norte y guía.

Dios te salve Virgen de Flores,
todos tus hijos,
en gracia por tus favores
siempre contigo.

Salutación.

¡Bienvenidos amantes de la Virgen de Flores!

¡Bienvenidos Perotes de todas las edades que vais a hacer con los actos que hoy comenzamos u sincero y fraternal homenaje a la que todo lo puede, a nuestra excelsa Patrona y Protectora!

Como si el tiempo no hubiera pasado, nos encontramos aquí y ahora para seguir queriendo a nuestra Madre, para seguir haciendo verdad aquello de “te llamaran bienaventurada todas las generaciones”.

A ella que hace muy pocas fechas trajimos en Romería, a Ella que muchos de vosotros no paráis de visitar, a Ella que protege todos los rincones no de Álora, sino de cualquier sitio donde haya un perote…

Dedicatoria.-

Madre, ¿conocéis alguna palabra más hermosa?, cinco letras que marcan nuestra vida y una expresión que encierra lo más grande que nos puede ocurrir. Todo en nuestra existencia gira en torno a nuestra Madre.

Incluso el mismo Dios al hacerse hombre, quiere sentir como humano algo tan extraordinario como tener una Madre. Una Madre para entregarla a todos y que sintamos su protección, su cobijo y su amparo en todos los días de nuestra vida; y no solo eso, cuando ya no tengamos esa Madre terrenal que nos engendró, poder seguir utilizando la más tierna palabra mirando a la Virgen de Flores:

Y quiero decirte Madre,
y pronunciar la palabra,
las cinco letras unidas
que mayor sentido tienen
a lo largo de la vida.

Madre que Dios nos entrega
desde el árbol de la Cruz.
Madre que a todos nos llega,
por decisión de Jesús.

Por ello, y con el debido respeto os ofrezco y dedico estas breves reflexiones a vosotras: Madres de Álora, presentes y ausentes, que desde hace quinientos años habéis perpetuado el Amor de un pueblo hacía su Patrona, engendrando generaciones de hijos de nuestro pueblo que, siglo tras siglo, heredamos vuestra devoción sin desvariar del Camino, verdad y vida representado en tu divino hijo.

Agradecimiento.-

Y si importante es la dedicatoria, también lo es el agradecimiento que me vais a permitir que exprese a todos los que habéis querido que este pregonero certifique los quinientos años de nuestra Madre; unos, como María José y Antonio con la proposición, otros; aportando ideas, poesías y sentimientos a mis torpes reflexiones.

Se que mi responsabilidad es muy grande pero sin falsas vanidades es un verdadero honor estar hoy delante de Santa María de Flores y un orgullo volver a cumplir aquel mandato “haced lo que él os diga”, así lo haremos ya que postrado delante del Sagrario he dado una y mil vueltas a estas palabras.

Gracias especiales a Don Francisco Sánchez por su presentación y por su comprensión. Paco, has sabido en estos años encauzar los anhelos cofrades en un pueblo tan complejo como el nuestro y sobre todo has conseguido ser amigo de todos, sin excepción y por esta segunda cualidad entiendo tu halagadora presentación. De corazón, gracias. Gracias por lo que has dicho, y sobre todo, gracias porque has querido decirlo.

Memoria.-

Y justamente en el Sagrario, en el primero de la Álora cristiana, empieza a forjarse el amor de un pueblo a su Virgen; los Reyes Católicos que después de muchos años, tienen el honor de reconquistar la entonces villa, no solo bautizan la iglesia mayor como Santa María de la Encarnación, tienen el acierto, quizás por la dificultad de aquella gesta, de erigir la ermita y mandar hacer la talla de la Virgen de Flores, que, años más tarde recogerían los que ya se llamaban Perotes en los Reales Alcázares de Sevilla.

De esto hace ya cinco siglos, y un pregón no debe, ni puede ser una evocación del pasado o la reiteración de fechas, hechos y datos que se conviertan con el tiempo en papel mojado.

Este pregón, debe ser el inicio de un periodo que con más espinas que rosas, nos va a dar la responsabilidad de seguir transmitiendo la misma fe de aquellos paisanos pero adaptada a una sociedad donde los valores humanos y cristianos dejan mucho que desear.

Por ello y pretendiendo hacer las cosas fáciles me bastó mirar al plan pastoral diocesano 2001-2006 y leer las palabras de ese gran Santo de nuestro tiempo que se llama Juan Pablo II cuando nos dice: “Es preciso aprovechar el tesoro de la gracia recibida, traduciéndola en fervientes propósitos y líneas de acción concretas”. Y eso es lo que tenemos que hacer con ese gran tesoro que llamamos Virgen de Flores, porque la historia no se detiene y en el naciente milenio queremos y tenemos no solo recordar con gratitud el pasado, sino vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro.

Los hijos de este gran tesoro que tenemos por Madre bebemos en el pozo de la experiencia de cuantos nos rodean, los que tenemos la suerte de llevar algunos años en la actividad cofrade tenemos que tener como primera premisa el apoyo de los que nos precedieron en estos menesteres y así extraer un manantial de gracia que nos empuje a seguir siendo testigos y mensajeros de la buena noticia que es el Evangelio.

El Evangelio transmitido desde Encinasola, primeros moradores de estas tierras que fundaron familias de bien y llevaron a nuestra pueblo a ser ejemplo de propios y extraños durante los siglos XVII y XVIII donde desde Álora y en Álora nacen ilustres varones como Biedma Chaves, X Obispo de Almería; se hacen faraónicas obras como la de la nueva Parroquia de la Encarnación, o nuestra hospitalidad se pone de manifiesto en personajes como el Rey Felipe II o Miguel de Cervantes en sus tiempos de recaudador de impuestos.

El Evangelio continuado por los Padres Franciscanos, que construyen el Convento y permanecen a los pies de la Virgen casi doscientos cincuenta años; rezando y llevando la devoción al pueblo casa por casa, siendo columna vertebral en la vida parroquial donde además promueven el culto al Dulce Nombre de Jesús Nazareno de las Torres.

Evangelios vivos con pies de Curas de tantos misioneros y mártires que durante la primera parte del siglo XX llevaron el nombre y los milagros de nuestra Virgen a los corazones de Perotes y foráneos.

Son bien reconocidas las intervenciones del Obispo y Beato Don Manuel González alabando las glorias de Santa María de Flores en sus visitas pastorales, las homilías del Padre Arnaíz, ó la impresionante labor de los misioneros rurales cuando a mediados de los cincuenta inundaron nuestros campos de escuelas, llevando como norte y guía las estampas de la Virgen de Flores.

Y de aquellos misioneros rurales que tanto y tan bueno dieron a nuestros antepasados salieron verdaderos amantes de la Virgen, mereciendo especialísima referencia la figura de Don Francisco Ruiz Salinas, que en sus periodos de coadjutor y posterior Párroco, remueve las almas de su fieles y coloca el culto a la Virgen en una plenitud nunca antes conocida, llegando a abarrotar de devotos las naves parroquiales; algo inédito y sorprendente pues en aquellos tiempos la sociedad pasaba a ser cada vez más aconfesional y los Perotes nos empeñábamos más en llevar la contraria.

Generaciones que quisieron como nunca a su Santísima Madre que por primera vez era trasladada en honor de multitudes en el amanecer del 26 de agosto de 1979, paseada por los campos del “Lugá” en Junio de 1984 y coronada canónicamente el ocho de septiembre de aquel mismo año.

Pero quinientos años después de conocer a la Virgen de Flores, ni debemos ni tenemos que acudir a un pasado glorioso lleno de singularidades que marca la historia de estos muros y el carácter de nuestro querido pueblo.

Contemplación.-

La Virgen Santísima es la figura histórica que más presente se hace en la cotidianidad cuando diariamente le rezamos, no solo recitando sus completísimas oraciones sino acordándonos de ella cuando la miramos en el cuadro del sitio más preferente en nuestra casa o en la estampa de nuestras carteras y monederos.

Nuestros ruegos continuos en los cantos heredados generación tras generación son pura actualidad y no pierden ni un ápice de importancia con el paso del tiempo, aquello de “más si mi amor te olvidare, tú no me olvides”, “llévame al cielo raudo y feliz, Virgen Santísima ruega por mí”, o tantas plegarias como se dicen en nuestro himno, “…consuelo de afligidos, amparo de desvalidos, auxilio de pecadores, flor de las flores…”.

Todas ellas conforman un mismo código para emisores y receptores distintos en el tiempo, todas ellas complementadas por fervorosas súplicas de poetas hijos de Álora, como esta:

Dios te Salve, María
Toda amor y ternura,
Toda Paz y dulzura,
Toda luz y poesía.

De gracia fuiste llena
Porque así Dios lo quiso;
Porque Dios de ti hizo
Madre Amorosa y Buena.

Y sin cansarnos de contemplar Tu rostro, María, descubrimos que por mucho que algunos se empeñen nuestra religiosidad popular no es algo pasajero; al contrario, sigue viva en las raíces identificativas de nuestra ciudad y de todo el pueblo andaluz.

Los que defendemos esta práctica espiritual, consideramos que somos más humanos cuando no nos importa manifestar aquello que sentimos; cuando participamos a los demás cuales son nuestras convicciones; al valorar la grandeza de lo sencillo; cuando, a pesar de los años, somos capaces de sentir emociones, compartirlas con los demás o cuando nos estremecemos al mirar a los ojos de nuestra Santísima Madre la Virgen.

Profecía.-

Y son los ojos de la Santísima Virgen los que nos confirman que cualquier tiempo pasado no fue mejor, esa es la excusa de los que se acomodan en nostalgias y recuerdos. No quieren mirar con esperanza a un futuro que se presenta apasionante, precisamente por los problemas con los que nos vamos a encontrar.

Inmersos en una sociedad cada vez más secularizada que valora y mitifica lo material, la fama, la posición o el cargo que se ocupa; el autentico cofrade tiene que levantar su voz a favor de los valores morales, éticos y espirituales de la vigencia del mensaje que nos dio Cristo en su Resurrección.

Y que mejor forma de hacerlo que recordando las palabras con que un día Jesús, después de haber hablado a la multitud desde la barca de Simón, invitó al apóstol a “remar mar adentro” para pescar: “Duc in altum” (Lc 5,4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes: “Y habiéndolo hecho, recogieron una cantidad enorme de peces” (Lc 5,6).

Por ello nosotros desde este V Centenario de la Virgen de Flores, estamos obligados a recoger esos peces, contando siempre con la ayuda de la Santa Madre Iglesia.

Una vez superados periodos de desencuentros, el proyecto pastoral diocesano marca con una claridad soberana que “se necesita volver a las raíces evangélicas en las que se asienta la religiosidad popular” y que nuestras procesiones son “valiosas catequesis plásticas”.

Es verdad que en momentos puntuales componentes culturales y folklóricos han primado sobre los religiosos, pero no siempre los cofrades tenemos que ser culpables, hemos de conseguir que el pueblo verbalice ese arraigo de tradición popular religiosa y ahí están los retos del plan pastoral que debemos saber y conocer como si del Padre nuestro se tratara.

Si así lo hacemos conseguiremos una reiniciación cristiana. Tomar conciencia más viva de lo que se es, para llenar de contenido todo lo que se hace.

Y así lo venimos intentando, no sin dificultades, desde que en 1999 abrimos la última etapa estructural por la que está pasando la Virgen de Flores.

Una etapa en la que si a simple vista pocas cosas han cambiado, se ha conseguido que el pueblo tome conciencia de la necesidad de hacer las cosas con cierto orden, bajo unas normas, unos estatutos y con una organización que muy lentamente va cambiando en algunos de sus aspectos básicos.

No es solo subir por Calle Convento, que ya es mucho, o tener un fichero de cuatrocientos dieciocho hermanos, o mantener un humilde Boletín informativo, o financiar la grabación de las canciones de la Virgen… Consecuciones puntuales, que si parecen escasas son fruto de activar una vida cofrade un tanto desangelada.

Un punto de partida que nos tiene que servir para darnos cuenta de cosas evidentes en nuestra forma de entender la Hermandad. No confundirnos y pensar que somos nosotros los que servimos a la Virgen; al contrario, la Virgen es la que no solo nos sirve a nosotros, sino que se sirve de nosotros para que la grandeza de Dios llegue a todos los rincones de Álora. No desfallezcamos nunca en nuestro empeño de poner un grano de arena más en otros nuevos quinientos años de brillantez, el puesto, lo de menos; las manos que podamos echar según nuestras posibilidades, lo más importante siempre que se haga con la humildad suficiente de que cualquiera de nuestro alrededor puede enseñarnos algo.

Sirva pues nuestra conmemoración para rescatar de nuestro glorioso pasado la perseverancia, el amor y la dedicación de generaciones de cristianos viejos que miraron a estos mismos ojos misericordiosos, que son el camino recto para ver a Jesús fruto bendito de tu vientre.

Oración final.-

Recuerda Madre de Flores a los hijos de Eva que se apartaron de tu amor maternal, gimiendo y llorando en un valle de lágrimas en el que nosotros tuvimos y tenemos el privilegio de quererte; a los niños y jóvenes que tienen la obligación de recoger nuestras antorchas, cuida de los que intentamos mantenerlas encendidas y no te olvides de aquellos que desde los últimos escalones de la vida, quieren seguir siendo dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo sin saber si el próximo septiembre estarán contigo en el cielo.

Y desde el cielo, mi tía Lola García seguirá recitando aquella oración que fue primera pieza maestra de mi archivo y oración constante de mi niñez:

“Oh Madre mia de Flores, voy a retirarme de tu presencia, pero antes, quiero hacer protesta la lección que acabas de darme, por eso Madre mía, al separarme de ti vuelvo a caer en las mismas faltas de las que acabo de arrepentirme, por eso, te pido desde lo más intimo de mi corazón que cuides de mí y de mis propósitos.

En ti Señora he puesto mi confianza, y así no quedare confundido, guárdame Madre mía bajo tu manto, guárdame en tu corazón, cuida de este hijo tuyo para que te ame todos los instantes de mi vida.

Del enemigo maligno, defiéndeme, y en la hora de mi muerte recíbeme en tus brazos y guíame a la gloria a gozar contigo y con tu primogénito hijo Jesús”.

Hijos de Álora no olvidad nunca las dichas recibidas en estos quinientos años, no dejéis de querer a vuestra Madre, quien olvida lo suyo y a los suyos, se olvida también de si mismo, y en su olvido, para dejar, deja hasta de ser.

Virgen Santísima de Flores. Rosa temprana, salud de los enfermos y protectora de nuestros campos que llenas con tu celestial fragancia este sagrado recinto, bendita seas entre todas las mujeres y entre todas las flores del paraíso. Tú, que eres Reina de nuestras almas, Reina de Álora, Reina de todos los cofrades, colma de generosidad nuestros corazones y ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Foto: Pedro J Macias

 

 

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