InicioGenealogíaBootelloMedalla Pro Ecclesia Malacitana para una vida de entrega

Medalla Pro Ecclesia Malacitana para una vida de entrega

Con profunda alegría os compartimos una noticia que nos llena de gratitud.

A petición de nuestro párroco, D. Felipe Manuel Gallego Casco, el Sr. Obispo D. José Antonio Satué ha concedido la Medalla Pro Ecclesia Malacitana a nuestra querida Dña. María del Pilar Bootello García, en reconocimiento a toda una vida de servicio fiel y callado en la Iglesia de Álora.

89 años de fe vivida día a día. 89 años de manos abiertas para la parroquia: en el altar, en la catequesis, en la pastoral de la salud, en cada necesidad donde hizo falta. Un testimonio sencillo y constante que ha sostenido y acompaña aún a tantas generaciones de nuestra comunidad.

El Señor ha querido que este homenaje tan merecido lo reciba rodeada de su pueblo, en la Eucaristía que celebraremos el próximo sábado 16 de mayo a las 20:00 h, en la Parroquia Ntra. Sra. de la Encarnación, su casa y la nuestra.

Será un día de fiesta para nuestra comunidad parroquial. Un día para dar gracias a Dios por su vida, por su ejemplo y por todo el bien sembrado sin hacer ruido.

Acompañemos a Dña. Pilar. Nos vemos allí para abrazarla con nuestra oración y nuestro cariño.

¡Enhorabuena! La parroquia te da las gracias de corazón.

BIOGRAFÍA:

María del Pilar Bootello García, nacida en Álora (Málaga), el 26 de Diciembre de 1936.

Hija de Leandro y Francisca, creció en una familia cristiana donde le fue inculcada la semilla de la fe que recibió por medio del Bautismo el día 3 de agosto de 1937 en la Parroquia Nuestra Señora de la Encarnación de dicha localidad y que germinó a lo largo de los años, dando mucho fruto por su implicación en la vida eclesial y social de su comunidad parroquial.

Desde muy pequeña estudió en el colegio Nuestra Señora de Flores de su pueblo natal donde además de recibir la educación en valores éticos y morales, adquirió de su maestra un gran conocimiento de Dios que junto a la catequesis que le impartió su tía Ana Espinosa Ramírez, pilar fundamental en su Parroquia, hizo que recibiese a Jesús Sacramentado por vez primera el 16 de Julio de 1944, y el Sacramento de la Confirmación el 5 de marzo de 1945, de manos del obispo don Balbino Santos y Olivera.

A los 8 años de edad comienza a formar parte de la Acción Católica en el grupo de las benjaminas, a los 12 años en el grupo de las aspirantes y a los 16 años en el grupo de las adolescentes.
Las delegadas de cada etapa procuraban catequizarla junto a las niñas de su entorno, a fin de que recibieran una formación religiosa y espiritual que repercutiera en la vida social de entonces, especialmente en los barrios marginados y en los suburbios más pobres.

Mientras las responsables impartían charlas con aquellos que no tenían ninguna formación o sin oportunidad de acercarse a la iglesia, María del Pilar era una de las niñas que, con sus compañeras, se encargaba de rezar con los más pequeños de esas familias olvidadas, creando grupos de catequesis entre ellos, haciendo teatros, bailes y tómbolas en calles, en el patio de la iglesia o en el cine del pueblo donde acudían un gran número de personas y donde lo recaudado era destinado para los más necesitados de su pueblo que, carentes de todo, necesitaban mucho.

A partir de 1950 la Señorita Laura Aguirre Hilla, fundadora en Álora de la Pía Unión Misioneras de la Diócesis y en proceso de beatificación, fue esencial en su vida como catequista, la cual alternaba cada día la lectura del evangelio y la charla espiritual, a fin de que ella y su grupo de amigas tuvieran a Dios en sus vidas donde fue elemental enseñarles a vivir de la Providencia y de la Caridad.

La formación académica vespertina le permitía que se implicara en la vida pastoral de la parroquia, participando con piedad y devoción en la Eucaristía dominical, en los distintos actos litúrgicos y cultos parroquiales, siendo parte integral y fundamental del coro parroquial.

En su adolescencia participaba de las obras misionales como la Campaña del DOMUND, donde recaudaba por todas las calles del pueblo una gran colecta económica para los más alejados.

En su juventud se dedicaba a repartir a los más necesitados la leche americana que depositaban en la parroquia cada mañana a las 9.00 h, y dos veces por semana, a las 12.00 h, repartía en el archivo parroquial la medicina a aquellos que no tenían para comprarla.

Su labor caritativa la intercaló desde joven con la hora santa del turno de los jueves de 17.00 h a 18.00 h delante del sagrario, para contemplar a Cristo en el Jueves Sacerdotal y rezar por el seminario de Málaga, con el que colaboraba desde su más temprana edad repartiendo los sobres para pedir dinero para la manutención de este y recoger la aportación económica una semana después y enviarlo a su destino vocacional.

El Seminario ha sido determinante en su vida. La casa familiar, conocida en Álora durante buena parte del siglo XX como «Casa de Betania», fue un lugar de acogida para seminaristas, sacerdotes, religiosos franciscanos y en especial de las Madres de Desamparados y San José de la Montaña

Su madre, Francisca, y su tía Lola García Téllez (mujer de profunda vida eucarística, promotora de vocaciones y responsable de la Octavilla de la Propagación de la Fe) hicieron de la casa un hogar espiritual donde la fe se vivía en la hospitalidad, marcada siempre por los ejemplos de las que fueron sus preferentes figuras contemporáneas: San Manuel González y el Beato Juan Duarte.

Habiendo contraído matrimonio con Francisco Carrasco Pérez el 4 de Febrero de 1968, formó parte, junto con su esposo, del grupo de la Adoración Nocturna de la Parroquia; implicándose además en la limpieza del templo, responsabilizándose de la veneración y cuidado litúrgico, perfección y orden de los manteles de altar, albas, purificadores y corporales.

Siendo ama de casa, ha rezado con sus hijos cada día al comienzo y al final de la jornada, inculcándoles el amor al Señor y la devoción a la Santísima Virgen María, junto a una gran cantidad de jóvenes que durante un cuarto de siglo ha preparado para su Primera Comunión.

Participó activamente en las reuniones de adultos designadas “Encuentro del Pueblo de Dios”, donde recibía del párroco de aquel momento, por medio de convivencias, la catequesis en la iglesia o en los domicilios particulares, donde se rezaba, se impartía una charla y se abría un diálogo entre los asistentes.

Ha sido una de las participantes del grupo de Cáritas Parroquial, atenta al sufrimiento de los más vulnerables, entroncado con la Pastoral de la salud, de la que formó parte en los últimos años de participación activa parroquial.

A sus 89 años reside en su domicilio particular, rodeada de sus tres hijos (dos de ellos sacerdotes), de su nuera y de sus tres nietos, donde aparte de su responsabilidad como ama de casa, ya limitada, dedica el tiempo a la lectura del evangelio diario, la meditación, el rezo del santo rosario, y fiel suscriptora a las revistas “El granito de arena” y “El escapulario del Carmen” (dimensión vocacional y mariana, de la que ha sido corresponsal carmelitana durante muchos años), sigue actualizándose de las noticias de la Iglesia.

Cuando las fuerzas le acompañan participa presencialmente de la Eucaristía y cuando no puede sigue por las redes y medios de comunicación las distintas celebraciones litúrgicas.
Recibe el Sacramento de la Reconciliación con asiduidad, teniendo plena conciencia de que “al final de la vida le examinarán del amor”.

Su servicio incondicional a la Parroquia de Nuestra Señora de la Encarnación de Álora hace que todavía se entregue en cuerpo y alma para recaudar la economía a fin de sufragar los gastos del altar del Monumento Eucarístico cada Jueves Santo, y junto a otras personas, adorna dicho altar para que se celebre la Hora Santa.

 

 

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