
Por Marta Herrera Macias,
Introducción
En los últimos años, se ha presenciado un aumento exponencial de los valores tradicionales en la sociedad actual. Este fenómeno va arraigado a muchos aspectos que van desde la política hasta la ética, pasando por la religión.
Algunos autores consideran que se trata de una respuesta por parte de los jóvenes ante lo desesperanzada y vacía que se encuentra la sociedad contemporánea¸ otros, en contraposición, plantean que puede tratarse de una moda pasajera. Sin embargo, surge una cuestión: ¿Qué es lo que está ocurriendo en realidad?
El proceso de secularización y la búsqueda de la religiosidad
Este debate puede enmarcarse dentro del proceso de secularización, el cual es entendido como la pérdida de influencia de la religión en la vida pública, aunque no tiene por qué ser una desaparición total, sino que se trata más bien de una transformación en la mayoría de casos. De tal forma, el debate no se centra solo en la existencia del fenómeno, sino que tiene en cuenta su naturaleza y el alcance dentro del contexto sociocultural actual.
Según el psicólogo José Manuel Aguilar, la mayoría de los jóvenes están encontrando en la religión un lugar donde le dan sentido a un conjunto de cuestiones de las cuales tienen carencias de respuestas. Además, señala que, en la sociedad actual en la que vivimos, caracterizada por la desconexión, es común volver a las tradiciones que antes estaban arraigadas.
En un contexto contemporáneo donde nada es seguro, todo puede cambiar de un momento a otro, existen situaciones terribles a lo largo del mundo, personas dañadas, países en guerra, problemas de salud mental, auge de dramas sociales como la depresión… Todo ello contribuye a que muchos jóvenes ya no busquen respuestas superficiales que sacien de manera momentánea su pena, sino a que llenen su vacío con Yahvé. Es decir, encuentran en la religión –en éste caso la cristiana– una vía para dotar de significado a sus vidas. Este fenómeno puede relacionarse con lo denominado por diversos pensadores como la “crisis de sentido”, común en la sociedad actual.
Es por ello que, diversos análisis, señalan que la religión funciona en gran medida como un recurso simbólico y emocional, el cual ayuda a los individuos que la aplican a poder afrontar situaciones de incertidumbre.
Asimismo, la religión ha buscado nuevos caminos para renacer y hacerse notar, ha evolucionado con la sociedad. Por ejemplo, hoy en día está presente en redes sociales como TikTok e Instagram, esto no solo amplifica su alcance, sino que transforma su forma de transmisión, siendo un buen ejemplo de la adaptabilidad religiosa en un contexto globalizado, interconectado y digitalizado.
Los nuevos canales de la religiosidad: más allá de la misa convencional
Este uso presente de las redes sociales no es un mero fenómeno simple de respuesta causal a la evolución de los tiempos, sino una transformación estructural en la transmisión de la religión y la identidad con la misma, la cual, da espacio a nuevas formas de comunidad, de identificación y de difusión de contenidos entre los más jóvenes. En consecuencia, podemos afirmar que la Iglesia y sus precursores –tanto eclesiásticos como feligreses, de forma directa e indirecta– están favoreciendo a la creación de comunidades virtuales que refuerzan la unidad e identidad religiosa a través de la interacción.
En paralelo, también aumenta el número de grupos de música y artistas donde a través de su música alaban a Dios e inculcan la palabra, entre ellos grupos como Hakuna, el cual muestra cómo el cristianismo actual también se fundamenta a través de la cultura digital. Este ejemplo, plasma el poder sociocultural que la religión mantiene, cambiando de forma, pero no de contenido y sentido.
Asimismo, en el entorno digital actual, al interactuar en diversas redes sociales, se puede observar a jóvenes que enseñan a hacer rosarios caseros, o a crear un altar en casa donde poder rezar de forma tranquila. Este contenido promueve la participación e identificación, lo que lleva a que los consumidores tengan un mayor sentimiento de pertenencia dentro de las comunidades digitales, un elemento social crucial para el desarrollo de comunidades cohesionadas y temporalmente estables.
También, se puede observar un aumento en la visita de perfiles que muestran a rezar e incluso explican la Biblia y la acercan al día a día, para que, de tal forma, se puedan entender de mejor manera las escrituras, los fundamentos del cristianismo y la espiritualidad. Todo ello, más allá de la descripción, muestran el proceso de adaptación de la práctica religiosa a nuevos formatos comunicativos nuevamente.
Otro método relevante que llena a las personas, son los retiros espirituales, donde no solo se basan en el crecimiento de la fe y la conexión con Dios, yendo más allá de la visión doctrinal. En ellos, a través de diferentes metodologías, como pueden ser reuniones sin tecnologías, momentos de introspección o paseos en la naturaleza, las personas conectan con elementos prácticos. Por lo tanto, esto convierte o simula que la fe es algo mucho más sencillo y cercano, ya que dichas prácticas contribuyen a una vivencia mucho más experiencial de la religiosidad.
Todo ello manifiesta que el cristianismo en la actualidad no se limita únicamente a lo clásico, ni a lo que la sociedad está acostumbrada, lo cual es importante, sino que también llega de otras formas más didácticas y flexibles al despertar de la fe del individuo. Ir a misa es un deber como cristiano, pero conectar con Dios de formas “divertidas” o contemporáneas también lo es para la Iglesia actual, lo que refleja la adaptación al contexto social.
El gran objetivo de la Iglesia: el renacer de la fe en las generaciones venideras
La Iglesia cada vez tiene más presente a los jóvenes. Existe una creciente atención a la juventud, de hecho, ésta les llama a formar parte de ella. Como ejemplo de adaptación, se pueden analizar curiosos casos como el del sacerdote Guilherme Peixoto, quien es DJ encargado de utilizar la música electrónica como herramienta para animar a los jóvenes con su música, conectar con ellos y acercarlos a Jesús. Esto refleja las nuevas estrategias de acercamiento cuasi constitucional del Vaticano con y para una juventud que cada día abraza más los valores tradicionales –aunque con flexibilidades de forma obvias–.
Por otro lado, se observa como muchos jóvenes no solo son creyentes y basan su creencia en asistir a misa, sino que, integran los valores a su vida y se entregan en cuerpo a su labor como siervo de Dios en voluntariados alrededor del mundo, ayudando a los demás en virtud a los valores cristianos o evangelizando corazones doloridos, los cuales toman de ejemplo la labor de los misioneros y los acompañan a sembrar el camino de Jesús, lo cual, refuerza la dimensión social y el impacto del individuo en su labor con la fe.
Esta dimensión totalmente práctica de la fé refuerza de manera absoluta la idea de que el cristianismo no está limitado al ámbito privado jerarquizado, sino que se ve traducido en formas concretas de acción social y ayuda al prójimo.
Este fenómeno se extiende a distintos contextos socioculturales, políticos, económicos y geográficos; desde España a Estados Unidos, pasando por Francia, Italia, Brasil, Kenia o Chile. Esto es debido a que no se trata únicamente de casos aislados, sino que es una tendencia en la que numerosas personas los jóvenes quieren sentirse útiles y que sus vidas tengan un propósito y, actualmente, en buena forma, el cristianismo se los está otorgando.
No obstante, conviene evitar generalizaciones debido a que la intensidad según el contexto sociocultural del lugar puede verse modificada, no puede analizarse de forma homogénea, depende de los diversos factores sociales, culturales e históricos.
Ejemplos y estudios actuales del aumento de la fe
El periódico inglés The Times, resalta cómo en Reino Unido ha habido un aumento exponencial partiendo desde el año 2019 de venta de Biblias, lo que supone un 87% más en comparación con los años anteriores. Este dato debe tratarse con cautela, debido a que el aumento de compras de este producto no tiene porque ser de manera forzosa un incremento de la práctica o creencia religiosa. No obstante, es una cifra cuanto menos curiosa, sobre todo teniendo en cuenta el contexto sociopolítico que atraviesa el país, caracterizado por la polarización, la falta de consenso y el bloqueo político.
Por otro lado, por mencionar brevemente algunos estudios, como el realizado por “Footprint” de la Universidad pontificia de la Santa Cruz, resaltan como en Occidente, cada vez más jóvenes se están viendo llamados a vivir conforme a su fe –en contraposición a lo ocurrido durante décadas anteriores–, mientras que en países no occidentalizados, donde presentan todavía una mayor tradición religiosa, tienden a mantener una fuerte identidad religiosa que hace que afloren más estos valores.
Conclusión
Todo ello conduce e induce a una conclusión que, de manera general, sí puede identificarse con un despertar espiritual silencioso en la juventud, el cual simula que poco a poco, la tendencia de creyentes y practicantes aumenta sin hacer un ruido excesivo. Sin embargo, es un proceso progresivo y no uniforme, sujeto a múltiples interpretaciones. Es por ello por lo que se cuestiona si es un resurgimiento real o de una mayor promoción que ha sido favorecida en gran parte por el entorno digital y los contextos del individuo en su entorno sociocultural y político.
En el pasado, ir a misa siendo joven se podía considerar algo poco habitual e incluso aburrido. No obstante, en la actualidad se observa una mayor visibilidad de estas prácticas, cada vez hay más personas que manifiestan sus ganas de acercarse a Jesús, y que, valiéndose del gran instrumento con el que la tecnología les ha dotado: las redes sociales; lo comunican al mundo, a sus allegados y a aquellos que los escuchen, utilizando así las redes sociales como un método de difusión de identidad, donde el sujeto se convierte en parte de la comunidad moral, cultural, sistémica, identitaria y religiosa.
Puede que algunos sujetos crean que ser un joven cristiano está de moda, pero es demasiado pronto como para subestimar o saber si es un movimiento pasajero, o una transformación social. Es decir, resulta prematuro determinar su alcance. Su análisis requiere un enfoque crítico que tenga en cuenta los cambios sociales y las nuevas formas de expresión de la religión en la actualidad, así como el respeto de las prácticas religiosas de todas las comunidades. Sin embargo, lo que sí es observable es la promoción por parte de la Iglesia y sus individuos, con especial relevancia a valores contemporáneos percibidos como positivos pero provenientes de cambios religiosos cristianos desde hace tiempo, como la humildad, el respeto, el acompañamiento, el hermanamiento, el cuidado de los vulnerables…

