31 octubre, 2020
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Aquí nació Jesucristo de la Virgen María. Reencuentro con la Tierra de Jesús (IX)

Ver fotos Campo de los Pastores

Nos dirigimos al recinto conocido como Campo de los Pastores. Belén amanece en Miércoles de ceniza. Aunque el viaje lleva años programado, pocos o casi ninguno de los peregrinos imaginábamos que íbamos a empezar la Cuaresma en el sitio donde Jesús Nazareno viene al mundo.

Por lo que al cronista respecta, jamás hubiera pensado en sensaciones tan diferentes al Miércoles de ceniza pasado, en el que se consumó mi etapa como dirigente de la Hermandad: aquello de después de la tempestad, viene la calma… llega, aunque en este caso haya pasado algo menos de un año.

La ilusión para un perote de escuchar los villancicos del Lugá en la Misa mañanera es una sensación incomparable que olvida cualquier pena pasada en fechas tan señaladas como la de hoy.

Me vienen a la memoria los campanilleros, las pastorales del pueblo, Gabriela, Tomás Salas, Nuestra Tierra, Pepe Rosas, Rafaela Zamudio… tantos luchadores por que la música, las costumbres y el folclore de Álora sobrevivan por siempre jamás.

A ellos los traigo hoy en mi Oración personal al  Altar eucarístico junto con los que posiblemente no tenían ni idea del daño atroz que me estaban haciendo, tal día como hoy, de hace un año. Agua pasada no mueve molinos y hay que ser consecuente con lo que se reza todos los días cuando decimos aquello de “como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Muy cerca de este recinto campestre y  lleno de altares para  celebraciones, los pastores todavía apacientan sus ganados, en dónde sus predecesores escucharon la buena nueva del nacimiento de Jesús del ángel del Señor, que les dijo que fueran a Belén a adorar al niño. El campo de los pastores, a veces llamado el campo de Rut, se halla junto a la aldea de Bet Sahur, en él, podemos encontrar una iglesia griega ortodoxa y otra construida en 1950 cuyo diseño presenta una tienda de pastores, y la luz penetra en el recinto, a través de las aberturas, para recordar la luz que deslumbró a los pastores cuando se les apareció el ángel para darles la nueva del nacimiento de Jesús.

Después del tiempo preceptivo, a mi entender excesivo,  para hacer compras en una de las pocas cooperativas cristianas que se mantienen, estacionamos el autobús y a quince minutos encontramos una gran plaza donde se encuéntra la Basílica de la Natividad.

Ver fotos Basílica de la Natividad.

San Lucas 2:7 describe como María “dio a luz a su hijo primogénito y lo acostó en un pesebre porque no había lugar en el mesón” Sobre este pesebre, parecido a una cueva, que se considera ser el lugar dónde nació Jesús, se ha erigido la Basílica de la Natividad.

Desde el principio de la era cristiana, ésta fue una gruta sagrada sobre la cual, en el siglo IV, el emperador Constantino construyó una gran Iglesia. El altar todavía está allí. Unos doscientos años más tarde Justiniano reconstruyó la Basílica de un modo que es el que más o menos se ve hoy, y colocó un frontón de mosaico de los magos en vestiduras persas.

La entrada a la Basílica de la Natividad fue parcialmente bloqueada por los turcos, que dejaron la presente entrada pequeña. La nave principal es rectangular y tiene aproximadamente 60 x 27 metros con cuatro hileras de doce columnas de piedra parda local. Por unos toscos escalones se desciende a la Gruta, en dónde una estrella de plata marca el lugar del nacimiento de Jesús, que lleva la inscripción latina “Aquí nació Jesucristo de la Virgen María”. Cerca, en la Capilla del Pesebre, que pertenece a los griegos ortodoxos, se afirma que María colocó al niño.

La parte cristiana del entorno se sitúa en la parte norte bajo la advocación de Iglesia de Santa Catalina (ver más), asistimos también muy impresionados a las grutas que hay bajo este templo en la que se recrea mucho mejor los tiempos de Jesús, momento que se aprovecha para volver a cantar villancicos.

Termina la jornada en la Gruta de la leche que se encuentra a unos 200 metros al sur de la Basílica de la Natividad de Belén. Ver fotos gruta de la leche

Un lugar, también regentado por los Franciscanos  lleno de simbología, como la piedra blanca presente en su interior. Según una tradición del siglo VI, la Virgen María se escondió aquí con el Niño Jesús, antes de su huida a Egipto. María estaba amamantándolo, cuando una gota de su leche cayó sobre la piedra, tiñéndola completamente de blanco. Durante muchos siglos este lugar ha sido objeto de gran veneración por parte de familias procedentes de Tierra Santa y de todo el mundo, sobre todo aquellas que desean tener hijos. En el corto tiempo en el que disfrutamos de este marco, no paran de llegar fieles a pesar de no ser un relato evangélico.

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