5 diciembre, 2021
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Día de los más felices de mi vida

En noviembre de 2015 tuvo lugar una multitudinaria visita de nuestros Hermanos de Encinasola -creo que la última, a fecha de hoy- 

En los postres del almuerzo tuve la oportunidad de reconocer a mi tio Regino Bootello su magnífica labor como erudito de Álora. Él, a primeros de los ochenta del pasado siglo, recuperó el vínculo con los que a final del siglo XV trajeron de sus tierras la devoción a la Virgen de Flores y descubrió documentos inéditos sobre la Virgen de Flores, custodiados entonces en el Convento franciscano de Estepa.

Los archivos, escritos y reflexiones de Regino Bootello, falllecido en octubre de 2018,  van a ser sin duda uno de los apartados más vivos e interesantes de esta página web.

Día de los más felices de mi vida

Dicen que la felicidad completa no existe. En efecto, la felicidad no es continua, son trozos de vida, mas o menos duraderos, que a causa de un suceso o una noticia que nos ha producido la vida y nos sentimos felices. Digo esto, porque el día 14 de noviembre de 2015, sus 24 horas me enajenaron de dicha y bienestar.

Resulta que en ese día, visitó Álora una excursión, del queridísimo pueblo de Encinasola. Cosa que no era rara, puesto que suele ocurrir, con mas o menos frecuencia. Bonita y fraternal costumbre, iniciada por los ilustres abogados D. Vicente Moreno y Moreno de Encinasola y D. Antonio Bootello Morales de Álora. Varones eruditos y activos escritores, amantes y versados en la historia de sus respectivos pueblos. Ambos fundaron en sus poblaciones nativas la “Hojita Parroquial” en la que insertaron por capítulos, la historia de ambas ciudades que llegaron a fraternizarse, muy estrechamente.

En la reconquista de Álora, por los ínclitos Reyes Católicos, acompañaron al Rey Fernando, caballeros extremeños y andaluces. En el lugar donde estuvo la tienda real del campamento, se celebró la primera misa y se bautizó por cierto, un niño nacido de una de las mujeres que acompañaba a los soldados, la cual lo tuvo en una cueva, que hoy día todavía se la conoces como Cueva del Infante. Y por decisión de Isabel la Católica se pondría bajo una advocación mariana .En las mesnadas venían algunos veteranos, que habían pertenecidos a las huestes de D. Pero Nuño, Conde de Huelma, Adelantado de Andalucía, el que llamaba a sus soldados “mis perotes”, de ahí que a los repobladores se les llamó por este nombre, que a Dios gracias, aun perdura, pues significa por tanto cristiano viejo. 

Tanto mi esposa como yo, somos oriundos de Encinasola. Yo no pisaba Álora, debido a las enfermedades y achaques propios de la vejez, nada más que en los entierros familiares. Por tanto me puse alegre, a la vez que triste, pues no podía celebrarlo in situ y sobre todo no visitaría a la Virgen de Flores, que hacía tanto tiempo no la veía.

Aquí comienza la intitulación del presente escrito. Mi sobrino Leandro Bootello Trujillo, que tanto me quiere se ofreció a llevarme a la misa de recibimiento en el Santuario de Flores, rechacé tal ofrecimiento por demasiado incómodo para mí. Pero puso tal ahínco que acepté por fin.

Me llevó a la iglesia, estaba en tente bonete de hijos de la Madre de Flores. De Encinasola, habían llegado dos autobuses completos, que no cesaron de cantar el himno a la Patrona que es la misma, puesto que tanto los encinasoleños, como los de Cumbres Menores, hoy Cumbres de San Bartolomé, provincia de Huelva, (en aquel tiempo Reino de Sevilla) se distinguieron en la construcción de la ermita, la cual por voluntad de la Reina Isabel, estaría bajo una advocación mariana. Los de Encinasola, consiguieron que se llamara como su Patrona, Virgen de Flores. Si hubiese prevalecido la voluntad de los de Cumbres, hubiese sido Ntra. Sra. de la Aliseda (que también es una advocación preciosa). Por cierto la celebró el Párroco de Encinasola que es polaco.

La Reina Isabel, Madre de España y de América, regaló la imagen, que tallada en Sevilla, en esta misma ciudad, se la entregó en persona años mas tarde a las autoridades de Álora. Un siglo mas tarde, la ermita se convirtió en el actual santuario, pues los franciscanos del Convento de San Luis de Málaga, fundaron un nuevo Convento en este sitio.

En el banquete que se les ofreció a los queridos hermanos de Encinasola hubo los correspondientes discursos de bienvenida y de congratulación por parte de anfitriones y visitantes y uno de los organizadores que era mi sobrino Paco Lucas, solicitó un inmerecido aplauso para mi, no se por qué. Abrumado tuve que ponerme en pie y corresponder a las muestras de cariño.

A los postres, fui a la mesa de los organizadores, a saludar al cura polaco, que hablaba perfectamente nuestro idioma y le dije: ¡Viva la Virgen de Flores! Y ¡Viva la Virgen de Czhestoshowa! Al oír el nombre de la Patrona de Polonia se le transformó la cara por la emoción y empezó a dar botes de alegría, como si le hubieran nombrado Arzobispo de Cracovia. Dirigiéndose a los de la mesa les decía: Ha vitoreado a la Virgen de Czhestoshowa. Tu eres polaco  ¿verdad?. No le cabía en la cabeza que era español. No sé por qué.

A los postres, los de Encinasola, tanto hombres como mujeres, no cesaban de cantar coplas de su folklore, (no he visto gente mas alegre) me acerqué a ellos, feliz y embargado por el placer, para escucharlos mejor. Le toqué a un señor en el hombro y le pregunté si podrían cantarme el, fandango de Encinasola. ¡Ahora mismo! Interrumpió el canto del coro y les dijo: Este hombre quiere oír el fandango. Sí, dije. El de a orillas de la rivera está la Virgen de Flores. Exclamaron todos al unísono: ¿Que si se lo cantamos? ¡Y se lo bailamos!

Y ante mi estupor, se levantaron, retiraron mesas y sillas y se pusieron a bailar, al son de un numeroso coro que los rodeaba. Al finalizar se vinieron hacia mí, que había contemplado el baile turbiamente por la cortina de lágrimas, surgidas por la emoción y el placer que me causaba tan inolvidable momento. Las mismas que están cayendo sobre estos renglones que estoy escribiendo como puedo. Me cubrieron de abrazos y besos.

Este perote os da las gracias con el corazón, queridos primos de de Encinasola. ¡Qué digo primos!¡Gracias queridos hermanos marochos! 

¡Que Dios os bendiga!.

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