3 diciembre, 2022

El héroe de Ramblazo

Gonzalo Estrada García, a este nombre, se le puede contar con los dedos de la mano, los perotes que saben de quien se trata y pocos mas, a los que solamente le suenan y una mayoría abrumadora, los que siquiera lo han escuchado. Y menos todavía el de Héroe del Ramblazo.

Héroe  es el varón ilustre por sus virtudes o sus hazañas. Casi siempre se le aplica, a los que sus proezas han sido guerreras, como Hernán Cortés o Francisco Pizarro. No todos los pueblos, ni tampoco capitales populosas, han tenido entre sus hijos a un héroe condecorado con la Gran Cruz Laureada y si lo han tenido lo han honrado, nominando a una calle, a una plaza o a su mejor avenida con su nombre, incluso le han erigido una estatua, ejemplo Madrid, que no sólo le dio a una plaza el nombre de Eloy Gonzalo, sino que le elevó una estatua, popularmente conocida por ser el Héroe de  Cascorro.

Nuestro paisano Gonzalo, condecorado con la mas alta distinción militar que contados  personajes han alcanzado, que no es otra que la Cruz Laureada de San Fernando de 1ª Clase, por su valor y heroísmo en la Guerra de Cuba. Cayó en el mas cruel de los olvidos, a pesar de haber dado tanta gloria a su Patria chica.

Cubanaican, nombre indígena de una hermosísima isla de las Antillas o del Caribe, se quedó en nuestro idioma con sola  las dos primeras sílabas de tan extraña palabra, o sea Cuba. Isla grande de fertilísimo suelo y agradable clima. Fue descubierta por Colón en 1.492 en su primer viaje, se independizó de España en 1.898, por tanto la primera y la última tierra americana en pertenecer a la Corona de Castilla, o sea la última en ser española.

La gesta del Descubrimiento, a mi entender, el mayor acontecimiento histórico de todos los tiempos, pues si el hombre pisó la luna fue porque existía el lanzamiento de cohetes a propulsión, la aviación ya no tenía secretos para la humanidad, la energía atómica estaba dominada y explotada y la ciencia en avanzadísimo estado y no decir de la telegrafía sin hilo y la radiodifusión, la meteorología y la construcción naval. Los fenicios y griegos, hicieron sus excursiones incluso hasta las Islas Británica y se dice que los fenicios le dieron la vuelta al continente africano. Hazaña que si la hicieron, fue naturalmente costeando, pero nunca se atrevieron a navegar por alta mar, no había ni siquiera brújula sólo las estrellas marcaban el camino. La mitología contaba que Hércules puso dos columnas, una en el Peñón de Gibraltar y otra en el Hacho de Ceuta en las que se leía en latín “Non plus ultra” “no mas allá”. Los españoles la incorporaron a su escudo, con la leyenda: Mas allá. Hoy lo que un barco tarda días en la travesía de Europa a América y un avión lo hace en horas, a Colón le costó tres meses realizarlo, viendo sólo cielo y mar, padeciendo desánimos, dudas y rebeliones de la tripulación.

A España no le interesaba, no sólo por intereses sentimentales, sino también por intereses económicos el no perder Cuba. La habitaban, españoles, hijos y nietos de éstos, los mas bisnietos, y un 30 % de mulatos y cuarterones en su mayoría y una minoría de negros puros, descendientes de los esclavos africanos que llevaron los castellanos para trabajar en los campos ubérrimos de la isla, que si bien carecía de minas de oro y plata, daba abundante cosechas de azúcar y tabaco, éste el mejor del mundo.

Nuestro paisano Gonzalo, era un pobre campesino analfabeto de nuestro agro, que para mejorar su situación, como otros muchos, sentó plaza en la milicia por doce años, en la cual no pasó de soldado raso, a pesar de sus indiscutibles méritos. por no saber leer ni escribir. Fue destinado al Regimiento de Infantería Tarragona nº 8, cuando es enviado a la no tranquila Cuba, para reforzar las continuas revueltas, de los mambises. Así llamaban a los insurrectos cubanos.

La situación en la tan hermosa y querida tierra, era durisima en extremo, las revueltas de los nativos fueron frecuentes a partir de principios del siglo decimononico, alentadas por Napoleón, con objeto de que España enviara tropas a sofocarlas y de este modo debilitarla con dos frentes, uno en la península con la Guerra de la Independencia y otro lejos en ultramar. Este último también cobardemente apoyado por Estados Unidos de Norteamérica, que voló su acorazado Maine en el puerto de la Habana, matando a casi doscientos marinos suyos, para echarle la culpa a España y así declararle la guerra y con este artero y vil proceder apoderarse no sólo de Cuba, sino también de Santo Domingo y Puerto Rico. De éste último lo consiguió, el cual hoy día consta como Estado asociado, en el que quiere implantar completamente el idioma inglés, sin conseguirlo.

Cuando llegó Gonzalo a Cuba con el Regimiento Tarragona, estaban los españoles construyendo la vía de ferrocarril que unía Puerto Príncipe con el puerto de Naevitas. Importantísima obra logística, para el transporte de tropas y víveres, a la que atacaban constantemente las fuerzas rebeldes para destruirla, si no total, sí parcialmente, pues era muy vulnerable en sus 73 kms. con otras tantas alcantarillas y puentes de madera, rústicamente construidos por las prisas y la precariedad, defendida por tramos de 2 kms. por fortines, por llamarlos de algún modo, consistentes en espacios cuadrados de madera, con numerosas rendijas y techo de zinc, en la que cabían lo mas 10 personas.

Los mambises habían incendiado totalmente la estación de Redención y en su lugar se levantó un endeble fortín, llamado El Ramblazo con guarnición de 9 soldados al mando del  sargento D. Manuel Domínguez Garrido y el cabo D. Venancio Mena Ortíz. A dos kilómetros de otro otro fortín llamado El Lugareño residía una guarnición bajo el mando del capitán Patiño. Este el 8 de agosto de 1.898, mandó la antedicha tropa al Ramblazo, pero advirtiendo movimiento de fuerzas insurrectas por las espesa maniguas que bordeaban las vías, creyó insuficiente el personal que guarnecía El Ramblazo. Como así fue, apenas habían atados los caballos a la puerta de la fortificación, cuando fueron rodeados por unan fuerza de 400 rebeldes, que avanzaban disparando constantemente acribillando y destruyendo el reducto. Ante tal situación envió a un soldado a El Lugareño para pedir un refuerzo de socorro para auxiliar a aquel puñado de valientes dispuestos a resistir los ataques de aquellos asaltantes mas de veinte veces superiores numéricamente a ellos. El mensajero elegido fue Gonzalo Estrada, era como mandarlo a morir antes que ellos, ya que era muy remota la esperanza de conservar la vida ante aquel diluvio de balas que le iban a disparar al salir del fortín, como así fue.

Había la bella y piadosa costumbre en nuestro pueblo, que las madres dieran a sus hijos cuando partían a las guerras de África o a la de Cuba, o simplemente a la milicia, una estampa para su cartera de la Virgen de Flores, o le colgaba una medalla al cuello de esta imagen. Costumbre que perduró hasta nuestros días. Yo llevé una medalla en el pecho durante todo mi servicio militar.

A propósito de esta costumbre, quiero mencionar, lo que le ocurrió a un primo mio, maestro nacional en Puente Genil, llamado José Bueno Bootello que en la guerra recibió un balazo en el pecho, quedando el proyectil detenido en la cartera que llevaba en el bolsillo, atravesando una estampa de nuestra Patrona. Gonzalo seguramente que fue amparado por la Reina de los Cielos, pues con el cuerpo repleto de arañazos y los codos desollados en carne viva, reptando por aquellas abruptas maniguas consiguió llevar el mensaje, llegando milagrosamente ileso.

Entre tanto, el fortín, atacado por todas partes, se defendía heroicamente. Como no dio tiempo a reconstruirlo, no tenía aun la puerta; de los 17 soldados, con el sargento y el cabo, que rebullían penosamente en aquel reducido espacio, quedaron sólo útiles tres hombres para la defensa, ya que los demás estaban muertos o heridos graves. Los tres que quedaban luchando como leones eran el sargento D. Manuel Domínguez Garrido, el cabo D. Venancio Mena Ortíz y un soldado, que a pesar de estar malherido disparaba certeramente. Como no tenía puerta, hicieron como pudieron un parapeto con cajas y desde esta posición, consiguieron detener, nada menos que a una fuerza 20 veces superior en número. Las municiones escaseaban, los asaltantes conscientes de ello, destacan 25 hombres machete en mano, que son rechazados por los cercados. Cesa el tiroteo y el enemigo adelanta a dos insurrectos, reptando bayoneta en mano y son abatidos por las dos últimas balas de estos valientes, que desenvainando sus machetes, esperan impertérritos a los atacantes, que no dejaban de  gritar ¡rendíos! ¡rendíos! entregad las armas. Ante la respuesta serena de los atacados: Venid a tomarlas. Un silbido de locomotora surcó  los aires, era el refuerzo esperado. El enemigo huyó despavorido y la alegría de los liberadores fue inmensa y no decir de los  tres supervivientes, que recibieron a sus salvadores con los gritos de ¡Viva Cuba española! ¡Viva España! ¡Viva el Regimiento Tarragona! Los abrazos fueron emocionados y apretados, luego fue el horror y tristeza, ante la escena de aquel fortín, mas bien cuchitril, lleno de cadáveres y moribundos, con la atmósfera irrespirable por el hedor de heridas enconadas y la pólvora quemada, pero rebosante de gloria.

Naturalmente, aquel puñado de de valientes recibió la máxima condecoración que concede el Ejército español al valor y al honor de sus soldados, la Gran cruz Laureada de San Fernando. Sus nombres imperecederos, a los que tengo el honor de citar son estos: Por Real Orden del 6 de mayo de 1.896: Sargento D. Manuel Domínguez Garrido, Cabos D. Venancio Mena Ortíz y D. Julio Domínguez García y los soldados D. Jerónimo Manrique Manrique, D. José Puig Fabregat, Joaquín Jerónimo Billeza, D. Juan Llodrá Durán, D. Gonzalo Estrada García, D. Alonso Fernández Mondelo, D. Faustino Sánchez, D. Guillermo Fernández Vallejo, D. Isidro Sanvicens Bonet, D. Claudio Peña López, D. Jaime García Boneda y D. Isidro Vázquez Márquez. El Sargento Domínguez, ascendió a su empleo inmediato, o sea a 2º Teniente y los Cabos Mena y Domínguez a sargentos y los soldados el tratamiento de Don y la pensión vitalicia de 100 pesetas anuales.

Gonzalo, que no podía ascender a cabo, por no saber leer, al finalizar los doce años que firmó, se licenció y regresó a Álora, para vivir con su pensión pero ésta, con el tiempo, fue insuficiente. Así que aunque contó siempre con la admiración y cariño de sus paisanos, nunca contó con la ayuda económica de ellos, y con sus jornales esporádicos crió a sus hijos y llevó su casa con mil sacrificios, muriendo pobre y casi olvidado.

Considerando la biografía de nuestro héroe, se nos viene a la cabeza la del general romano Publio Cornelio Escipión, que cubrió de gloria a Roma, ganando cien combates, conquistando extensos territorios para el Imperio y terminó su vida en el amargo exilio, donde murió. En su agonía exclamaba desgarradamente con la mas honda pena y triste desengaño: Oh Patria ingrata, ni aun conservarás mis cenizas. Las cenizas de nuestro ínclito paisano sí descansan en Álora, pero no conservadas, puesto  que no están en un mausoleo, ni siquiera en una humilde urna.

Estas pobres letras van dedicadas a sus nietos, orgullosos y con razón de tal abuelo y especialmente a la memoria de mi inolvidable amigo (q. e. p. d.) su nieto de su mismo nombre Gonzalo Estrada Osuna al que si para los conductores hubiera la Gran Cruz Laureada de San Cristóbal, el habría sido condecorado con la de 1ª clase.

Regino Antonio Bootello Miralles
La memoria de mis tíos Gonzalo Estrada Osuna -nieto de Gonzalo Estrada García- y de Regino Bootello Miralles -autor del artículo- estarán  siempre conmigo;  además de ser determinantes en mi crecimiento como persona, también lo fueron por derrochar amor sin límite a nuestra Patria Chica. Por supuesto no pasa desapercibido el Comandante de artillera Francisco Egido Carrasco, otro grande de mi familia, básico en la recopilación de  datos sobre un perote único en su ámbito que  en cualquier otro rincón de España tendría perpetuado su ejemplo y valor en el nombre de una calle como bien dice en los primeros párrafos de este artículo.
                                                     

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