2 octubre, 2022
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VI Pregón de la Semana Santa de Álora (1992)

A Ti Jesús, triunfante en las calles de Jerusalén, a Ti que estás  en el huerto, a Ti que bajas de las Torres, a Ti crucificado de estudiantes, a Ti qué reposas en el regazo maternal de tu madre, a Ti que puesto en el sepulcro se dirige hoy humilde este pregonero para pedirte tu gracia. Ya que sin Ti nada puedo.

Sin mí nada podéis hacer. Este pregonero, Señor, te invoca con todos los títulos con que te celebran los cofrades, y pide tu ayuda. poniéndose bajo el amparo de tu madre María, para que mi palabra sea fructífera en estos hijos tuyos ya que Jesús te dio por nuestra madre.

Sin mí nada podéis hacer. por eso este pregonero se acoge a ti bajo el amparo de tu madre María que tú nos diste como madre para que mis palabras sean para honra, gloria tuya y bien de mis hermanos los hombres

 Reverendo Cura párroco, dignísimas autoridades, hermanos mayores, cofrades, paisanos, señores,  señores…

Gracias Paco, por las palabras que me has dicho en la presentación, te has excedido por el amor, cariño y afecto con que nos tratamos los sacerdotes.

 Quizás o sin quizás, yo me encuentro aquí esta noche, por poseer solamente un título, que llevo con mucho orgullo y ante el cual los demás palidecen. Yo estoy aquí, esta noche porque soy y me considero perote. Cuando nos acercamos a nuestro pueblo y entramos en el Valle del Sol ya se divisa a lo lejos una bella estampa, el castillo-cementerio sobre los montes que rodean nuestro pueblo. 

Cuando se ven los limoneros en flor, esparciendo su olor a azahar, todo nos indica que está cerca la luna del Nissan, que todo se está preparando para celebrar la Pascua del Señor. El paso, qué era lo que significa la palabra Pascua del Señor cerca de nosotros en los misterios de su Pasión, Muerte y Resurrección.

 Y tengo que confesar que me llegue muchas veces a pronunciar este pregón de nuestra Semana Mayor, y lo digo no por falta humildad, sino porque lo siento en lo más profundo de mi corazón, no me encontraba ni me encuentro con las cualidades necesarias para hacerlo, como merece la Semana Santa de Álora. Cuántas veces, cuando me he encontrado solo, me he arrepentido de haber aceptado, porque cada vez me encuentro más incapacitado

Yo, que no he tenido la oportunidad de conocer nuestra Semana Santa actual, por mis cargos pastorales empezaré por recordar mis años de niñez, viendo ahora con cierta perspectiva, lo que yo llamaría “Mi Semana Santa”.

 Domingo de Ramos, al atardecer, desde la Veracruz, la procesión de Jesús orando en el Huerto, una imagen de Cristo arrodillado y un ángel que le entregaba un cáliz. bella estampa, pero que entonces yo no comprendía la profundidad del misterio, que era como el pórtico de lo que sería después el Jueves y el Viernes santo, centro de toda la semana mayor.

El Miércoles Santo, cuando los niños salíamos de la escuela ya nos encontrábamos los tronos colocados en las naves laterales en el fondo de la Parroquia, ya estaba aquí Nuestro Padre Jesús de las Torres. Iban a vestir de gala al Señor y a la Virgen, y los chiquillos no podíamos estar presentes. Recuerdo aquel gran sacerdote y catequista, don Francisco Campano, quedando unas palmadas en la sacristía nos decía: ¡Fuera!  Que van a vestir al Señor y a la Virgen, salíamos y nos repartíamos por la Iglesia, o por el panteón, esperando que llegara el momento de poner las imágenes en sus tronos, que no eran muy grandes, pero  que para mi gusto me parecían preciosos  con sus tulipas de colores, que lucirían en la noche de Jueves Santo, con botellas de gas que estaban instaladas en los mismos.

Por qué no podíamos ver los niños vestir a la Virgen y al Señor? Para que en nuestra inocencia no perdiéramos la fe que teníamos en ellos. No  nos decepcionaramos. El panteón, desgraciadamente desaparecido, no es crítica, que tenía tanto sabor, con sus parras y donde veíamos tantas veces los niños a los sacerdotes, Eran cuatro en nuestro tiempo, paseando coma rezando el Oficio Divino, santificando con ese culto público de la Iglesia las distintas horas del día, con salmos y lecturas.

 Yo no sé por qué pero tengo un recuerdo especial, la urna-sepulcro toda dorada, a través de sus cristales veíamos la imagen del Cristo Yacente tapada con una pureza. En cada esquina un ángel llorando y en sus manos una insignia de la Pasión de Cristo.

 Y llega el Jueves Santo.  ¡Qué monumento! Desaparecía todo el retablo del altar mayor. Dos grandes escalinatas blancas y en el centro, en todo lo alto una gran urna dorada dónde se colocaba el Santísimo Sacramento.

Niño, no pegues voces, no cantes que el Señor está preso. No, no estaba preso. era la forma de manifestar su fe, un pueblo que levantaba un gran monumento a la obra más grande de amor. Jesús, tenía que marcharse al Padre, porque había cumplido su voluntad, la misión y la obra que él le había encargado, el Padre lo esperaba para glorificarlo.

 Padre, decía él, en la noche del primer Jueves santo, glorificame cerca de Tí, con la gloria que yo tenía cerca de Ti antes de que el mundo existiese.

 Pero era tanto el amor que ardía en su corazón por los hombres que no quería dejarlos. y se va al Padre y se queda con nosotros hasta el fin de los siglos, bajo la pobre apariencia de el pan y el vino, dónde está presente por la fuerza de la transubstaniación, real y verdaderamente Dios, Señor de los Señores.

Gran obra de amor, abatimiento está de la Eucaristía, qué hizo exclamar al gran doctor angélico, Santo Tomás de Aquino. “En la cruz estaba oculta solo la divinidad, aquí, en la Eucaristía, está oculta al mismo tiempo la humanidad”

Anochecer del Jueves Santo. Todo está preparado, todo para salir a la calle. Gran testimonio de fe y catequesis plástica son las procesiones. Así nos lo recuerdan nuestros obispos del Sur, en su carta pastoral, sobre Hermandades y Cofradías. Si se hacen con devoción dicen, y con dignidad cristiana pueden llegar a ser valiosa catequesis plásticas en sus recorridos por calles y plazas de nuestras ciudades campos.

 Sí señor,  creemos en Ti y por eso te llevamos sobre nuestros hombros o te alumbramos con nuestras velas encendidas, signo de nuestra fe, pero al mismo tiempo vamos diciendo a los hombres de nuestro tiempo, pasotas, incrédulos o agnósticos: este es el qué murió por todos nosotros ya está es la mujer a quien una espada atravesó su corazón para unirse más, más a su hijo y ser al mismo tiempo corredentora con Él.

 Si. Una imagen vale más que mil palabras, así es como los cristianos  manifestamos nuestra fe.¿ No habéis visto en algún momento a personas llorar de emoción, al ver a su imagen por las calles?¿ No se os ha hecho a veces un nudo en vuestra garganta al paso de vuestro títular? Hay momentos en los que la emoción llega a lo más profundo del corazón. 

Y llega el gran momento. Suena la trompeta de un gran cofrade de Jesús de las Torres. Suena la trompeta del Perdio, que llama a los hermanos para que se congreguen en la Parroquia.  Empieza la procesión. Salen los nazarenos de la Iglesia, nazarenos con sus caras tapadas y colas en las túnicas que llevan arrastrando por las calles del pueblo y que además de su sentido penitencial servía para guardar las distancias entre los hermanos.

 Como no sobrecogía a los niños aquella liturgia, porque liturgia era aquello. 

Aunque ya no existía en nuestro pueblo,  se oía hablar de ello, la Escuela de Cristo, hombres que disciplinan sus cuerpos hasta derramar sangre, para redimirse a la Pasión de Cristo, no solo místicamente, cómo debemos hacernos todos los cristianos, sino de una forma más real, para que su sangre unida de Cristo, fuera redentora de los hombres. Haciendo comprender la palabra de San Pablo. “Yo completo en mi carne lo que falta a la Pasión de Cristo”. 

Aroma por la puerta de la Iglesia, el trono de Nuestro Padre Jesús de las torres, con su túnica de gala, bordada en oro, andando sobre los hombros de los portadores entre su pueblo expectante. 

Silencio, recogimiento pasa Jesús con su cruz de caoba y plata. Sube calle atrás arriba para hacerse un año más el recorrido estacional. Tras Él San Juan, el discípulo amado, el joven, el que tuvo la dicha de reclinar su cabeza en el pecho de Jesús y oír los latidos de su corazón y escuchar sus confidencias. “El que meta la mano conmigo ese es”.¿Por qué lleva el dedo extendido? Porque detrás viene la Virgen de los Dolores, le va diciendo ahí va tu hijo,el varón de varones, el cordero que va al matadero sin rechistar.

Sale la Virgen de los Dolores, la Madre, la que no lo abandona, la que le sigue siempre por la calle de la amargura con el corazón traspasado por la espada.

Qué bien lo dijo Simeón. “Este ha sido puesto para salvación y caída de muchos en Israel y una espada atravesará tu corazón” y  qué bien también la fe del pueblo qué supo cantar “quién es esta mujer y angustiada, vacilante y llorosa camina. esa triste mujer es María, que va tras su hijo buscando su mirada para darle ánimo y consuelo en las horas tristes de su pasión.

 Y sigue avanzando calle atrás arriba hasta llegar a la Fuente Arriba, esquina al convento de las monjas. Iglesia limpísima, a cualquier hora que se entraba. Se oye una voz al pasar la procesión junto al café del Pena. Es la voz de uno de esos grandes cantaores y por tanto saeteros, que engrosan el acervo cultural de nuestro pueblo, entre otras cosas pueblo de grandes cantaores.  Es una saeta, es una oración hecha copla, que sale del corazón del pueblo.

Miradlo por dónde viene
el mejor de los nacidos
con una cruz en los hombros
y el rostro desconocido

 

 ¡Como el pueblo ha sabido traducir al profeta Isaías!

 Y sigue adelante camino de la Vera Cruz y pasa San Juan y por fin la Virgen de los Dolores, se oye nuevamente la voz:

El clavel dijo a la rosa
la rosa dijo el clavel
quiero morir a los pies
de esta Virgen tan hermosa.

 Viernes Santo.  Entierro de Cristo y soledad de María. La procesión de las mujeres, todas vestidas de negro. Solo se oye el rumor del Rosario en la oscuridad de las calles;  por la mañana ha sido la Despedía y la Virgen asomada a la calle Ancha, ve subir a su hijo que se retira a su capilla y se despide de Él, porque ya no volverá a verlo hasta el año próximo en la noche del Jueves Santo y harán el recorrido por las calles estacionales del pueblo.

 No sé por qué ley física o psicológica, en muchas ocasiones el ruido es sinónimo de alegría y llega el sábado de gloria , ahora sábado santo, día alitúrgico en el que la Iglesia guarda silencio. Los chiquillos entonces en la puerta de la iglesia en silencio, esperábamos que las campanas anunciarán al pueblo que Cristo había resucitado, para arrastrar grandes cantidades de latas alegrandonos por la resurrección de Jesús. Evitando, como es natural, la presencia de la Guardia Municipal.

En todos los pueblos existen calles que tienen su propia historia coma te deja en cierta forma marcada la personalidad de sus habitantes, la calle Zapata, paso forzado de todas las procesiones, cuando iban de vuelta hacia la parroquia, es para mí una de ellas. en ella nací, en ella viví hasta que me fui al Seminario, de ella salí para celebrar mi primera misa y para hacerme cargo de la primera Parroquia allá por los años cuarenta y tantos.

 En ella recuerdo dos personajes que para mí eran importantes. uno de ellos, Manuel el espiritista, un hombre que vivía de la caridad, pero que ahora yo pienso tenía una gran cultura  y lo demostraba, cuando desde su azotea pronunciaba grandes peroratas a los que pasaban y se paraban para escucharlo. Los niños le teníamos cierto miedo por eso del espiritista, aunque a lo lejos nos reíamos de él,  porque le considerábamos un loco.

Otro, era el peregrino que aparecía cerca del día de la Inmaculada. Se decía que la primera vez vino cargado con una enorme piedra en los hombros, él se hospedaba en la carpintería. Extranjero, italiano que venía de una importante familia, converso de su mala vida, alguien le atribuía un crimen. Eso sí, un hombre de una vida cristiana profunda, que mortificaba su cuerpo con grandes sacrificios, dormía sobre una tabla. Era este hombre era un misterio para todos y como  misterio ha quedado entre nosotros, pues dejó de venir aún sin saberse el porqué.

 ¿Qué es la Semana Santa?

 Hace un mes más o menos oí una conferencia del Señor Arzobispo sobre teología de la Semana Santa organizada por la Universidad de Málaga, se hizo esta misma pregunta y concluímos en que había tres semanas Santas.

La interna, la de la memoria de la Iglesia, que era el mandato de Cristo. “Haced esto en memoria mía. La litúrgica, era ese acervo de lecturas, salmos y cánticos con los cuales la Iglesia celebra la Semana Santa y la popular existente en la calle, la que estamos pregonando nosotros, la compuesta por carteles nazarenos, bandas de música, procesiones, etcétera, expresiones sensibles a través del corazón del pueblo fiel de todos los siglos. 

El pueblo que ha querido más amplitud, más tiempo para contemplar y sentir mejor la grandeza de la Pasión de Cristo es posible que la haya creado en un tiempo en el que los  cristianos no podían buscar y vivir liturgia hermética por la lengua y por el demasiado clericalismo.

Abramos el evangelio, porque es en la mañana del domingo cuando lo abre Álora con la  algarabía de niños con Ramos en sus manos, como los de hace dos mil años. “Bendito el que viene en el nombre del Señor”  acompañado de su madre del amparo Auxiliadora que fue como rey de paz  entra por las calles de Álora para tomar posesión de ellas y hacerla durante una semana la Jerusalén de nuestro tiempo y celebrar en ella los misterios de la salvación de los hombres.

 Y del bendito el que viene a la oración del huerto. Jesús de rodillas orando, que lección para los hombres de hoy. Es tanto el agobio nuestra vida actual, y no hay tiempo de orar de verdad, todo es correr, todo es hacer. Es lo que ya denunciara el papa Pío XII, “la herejía de la acción”. Jesús nos dice a todos que no es tiempo perdido el que se dedica a la oración,  que en ella se saca fuerza para seguir adelante en la pasión de la vida, porque toda vida tiene su pasión y su sufrimiento. “No se haga mi voluntad, sino la tuya”.

 Jueves Santo, anochece.El Señor de las Torres baja calle Ancha abajo, no sé si será al compararla con las calles de su entorno. Baja para reunirse con su pueblo dejando la soledad y el silencio para llegar a la plaza donde esperan para aplaudirlo, vitorearlo. VIVA NUESTRO PADRE, se oye. Seguro de sí mismo, mira y sonríe a sus gentes. Señor, aquí no pueden decir: este pueblo me honra con sus labios pero su corazón está lejos de mí. No Señor, este pueblo, en esta noche del Jueves Santo se ha hecho todo corazón para decirte VIVA NUESTRO PADRE

 No lo creo, es imposible, si hace como quien dice unas horas se oía bendito el que viene y ahora lo veo clavado en una cruz. Es imposible, que ven mis ojos, un crucificado, llevado por hombros jóvenes en profundo silencio.

Y se incorpora a la procesión, saliendo de la Iglesia, San Juan vestido de verde y rojo. Verde de esperanza. Sí, quiero que se quede hasta que yo venga. Qué te importaba? Tú sigues ahí. Rojo del amor. Bien comprendió en el corazón del maestro lo que era el amor. Por eso nos pudo dejar bien claro el mandamiento del amor. Amaos como yo os he amado. Y por fin sale  la Virgen de los Dolores que llena las calles de Álora como una reina, con su manto nuevo. Parece que las calles son estrechas para contener la majestuosidad de la Virgen de los Dolores. No llores. Es verdad que te podemos decir:

 

Jesús ha muerto en la cruz, van a bajarlo de la Cruz, porque dos amigos suyos le han pedido el cuerpo a Pilato. Son Nicodemo y José de Arimatea. Lo depositan en el regazo de María. Dónde mejor que el regazo que lo acunó en Belén, aquellas manos lo acariciaron cuando niño. En verdad que nunca tuvo Jesús mejor custodia que está, más preciosa que el oro,  el cuerpo inmaculado de su madre. Por qué la procesión del Corpus es también  la de la Virgen de la Piedad. Custodia que nos presenta a Cristo muerto. Entierro de Cristo, silencio, recogimiento pasa el Entierro de Cristo. Madre, hay  amor más grande que el que da la vida por sus amigos?

Dónde está ya el mediodía
luminoso, en que Gabriel
desde el marco del dintel
te saludó Ave María.
Virgen ya de la Agonía
Tú hijo es el que cruza ahí.
Déjame hacer junto a TÍ
ese augusto itinerario
para ir al monte Calvario.
Cítame en Getsemaní.

Álora está de luto, ha muerto Cristo y tras él la Virgen de Las Ánimas, la que guarda  los restos mortales de todos los aloreños allá en las alturas del Castillo. Por último la soledad de María,  la más angustiosa soledad. Pero, Señora, no está sola. Tu hijo antes de morir te ha dicho. Ahí tienes a tu hijo, somos tus hijos. Ahí tienes a tu Madre y eres nuestra madre. Quedan horas pero aquí estamos para combatir tu soledad. Espera un poco, mañana al anochecer oiremos el Aleluya de la resurrección, el domingo de María y mañana saldrá por nuestras calles el Resucitado derramando alegría en los corazones.

Resucitó no está aquí. No busques al verbo entre los muertos qué lo has visto en camino. María en la mañana.Mi Señor glorioso,  la tumba abandonada… los Ángeles testigos de que el sudario y la dejan paso a la resurrección y la esperanza.

Pero nó, no me he olvidado la despedida la he dejado para la última porque es el gran acontecimiento de la Semana Mayor en Álora. No solo para los perotes, sino para los que por curiosidad vienen a presenciarla.   Salen  de mañana el Señor y la Virgen para al mediodía encontrarse en la plaza,  ceremonia única a la voz del director que acerca a los Tronos arrodillándose varias veces… El Señor sube calle Ancha camino de Las Torres corriendo, la Virgen ya está  en la parroquia. Yo voy para mi casa en calle Atras, siempre el mismo comentario… ha ganado Jesús, ha ganado la Virgen.

Y  mientras oigo  este comentario me digo para mis adentros. Es posible?. Han ganado los dos.Es que el hijo puede estar satisfecho del fracaso de su madre. Es que la madre puede estar contenta del fracaso del hijo. Han ganado los dos, Jesús en hermanos, María en hijos No puedo terminar mi Pregón sin hacer una mención especial, quedaría incompleto, no me lo perdonaría, si no hago un recuerdo especial para la Virgen pequeña, bonita que llena nuestros corazones en las horas tristes de la vida y nuestras bocas en los momentos alegres, Me refiero a la Virgen de flores. Flor entre flores, que la fragancia a nuestra vida de aloreños este llena. Gracias paisanos por el gran honor que me habéis hecho. 

Así sea

ANTONIO RUIZ PÉREZ

Delegado diocesano de Hermandades y cofradías y Párroco de los Santos Mártires de Málaga.

Al ser la Hermandad de Jesús coordinadora del acto e impulsora de la propuesta, tuve el honor de actuar en el mismo como maestro de ceremonia, una de mis primeras intervenciones en público según puede apreciarse en la foto.-

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