InicioMultimediaVídeosYa no quedan escaleras

Ya no quedan escaleras

Este texto es un acto de contrición poético que utiliza la imaginería de la Semana Santa para explorar la culpa, la incoherencia humana y la soledad del sacrificio.

A diferencia de un himno religioso tradicional que solo busca alabar, esta letra se centra en la responsabilidad individual:

La Soledad Absoluta: Describe a un Jesús que camina solo («ya no quedan escaleras»), sugiriendo que el ritual externo (procesiones, balcones) no alivia el peso de la cruz, sino que a veces lo acentúa.

La Crítica a la Tradición Vacía: Define las saetas como «clavos viejos», sugiriendo que el sentimiento volcado en los balcones es inútil si no hay un cambio real en el comportamiento de las personas.

La Culpa Permanente: El autor admite que el sacrificio de la cruz se repite con cada pecado cotidiano. No ve la fe como un evento de siete días, sino como un remordimiento que dura todo el año.

El Canto como Súplica: El poema termina despojándose de toda pretensión artística («yo no sé cantar saetas»). El único propósito de los versos es pedir perdón por el daño causado.

En resumen, es una reflexión sobre la hipocresía y el arrepentimiento, donde el autor se avergüenza de ser parte de la multitud que, simbólicamente, prefiere salvar a Barrabás y condenar al Nazareno cada día.

Comparte en redes sociales

ÚLTIMOS ARTÍCULOS