Cuando evocamos los 25 años de la Coronación Canónica de la Virgen de los Dolores de Álora, no podemos olvidar a quienes, con fe y entrega, hicieron posible aquel acontecimiento que marcó la vida cofrade de nuestro pueblo. Entre ellos, ocupa un lugar especial mi padre, Francisco Carrasco Pérez, hombre profundamente creyente y siempre al servicio de la vida parroquial.
Para él, la rivalidad entre Jesús Nazareno y la Virgen de los Dolores nunca fue un enfrentamiento estéril, sino una sana competencia que ayudaba a engrandecer la Semana Santa y a fortalecer la comunidad cristiana. Tenía la convicción de que la parroquia estaba siempre por encima de las cofradías, y desde esa visión acogió con verdadera alegría la invitación de la Hermandad de Dolores para ser padrino de la Coronación de su Virgen.
La noticia llegó en un momento muy significativo: a finales de su mandato como Hermano Mayor de Jesús, cuando ya había anunciado que no optaría a una tercera reelección. Aquella invitación fue como un broche de oro, un regalo inesperado de la Providencia, que le permitió culminar su etapa con un gesto de hermandad y devoción mariana.
La petición oficial de Dolores, fechada el 15 de enero del año 2000 y firmada por su secretario Juan José Aranda Cuenca, no dejó lugar a dudas ni debates. La respuesta fue inmediata: decir sí a la Virgen no solo era un honor, también una obligación moral. Como bien resumió mi padre en una de sus intervenciones de entonces: “un hijo nunca podía decir que no a la petición de su Madre”.
En aquella etapa, mi padre tuvo una complicidad especial con Diego Trujillo Mamely, Hermano Mayor de Dolores y verdadero ideólogo de la Coronación. Aunque se llevaban sobre una década supieron conectar bien, no en vano eran los referentes de aquellos años en sus respectivas corporaciones. Entre ellos hubo siempre un gran entendimiento y afecto. Juntos protagonizaron uno de los momentos más hermosos de la historia reciente de nuestra Semana Santa: la unión sincera de dos cofradías seculares en torno a la Madre Dolorosa.
La Hermandad de Jesús quiso estar presente en la Coronación con dos regalos muy significativos: uno material y otro espiritual. El primero fue una cruz pectoral, diseñada en Orfebrería Mamely, que la Virgen lució el día de su Coronación como signo de amor filial. El segundo, aún más emotivo, fue la presencia del Señor de las Torres en la parroquia, trasladado desde su capilla la tarde-noche del 24 de noviembre de 2000. Madre e Hijo, reunidos bajo el mismo techo, dieron a Álora la imagen más honda de su fe compartida.
Como cronista de la Archicofradía de Jesús Nazareno de las Torres, tuve el honor de escribir y comentar todo lo sucedido en aquel inolvidable mes de noviembre del 2000. Fue un privilegio vivirlo tan de cerca y poder dejar testimonio de un momento que aún hoy permanece en la memoria viva de la Álora cofrade.
Al cumplirse un cuarto de siglo de aquella jornada gloriosa, quiero expresar mi felicitación a la Hermandad de Dolores, no solo por estas celebraciones jubilares, sino también por el cariño y la cercanía que siempre han mostrado hacia mi familia, especialmente en la partida de mi padre el 11 de febrero de 2011. En aquellos días de dolor, supimos que la Virgen de los Dolores Coronada seguía velando por él y acompañándonos a todos los suyos en tan repentino trance.
Y al contemplar ahora las imágenes que ilustran estas páginas, mi corazón se llena de emoción: la cruz pectoral que un día fue regalo y que hoy es signo de amor eterno; y las figuras de Diego Trujillo Mamely y Francisco Carrasco Pérez, de pie, solemnes, junto a Jesús y Dolores, como testigos de una misma fe, de una misma Iglesia, de un mismo pueblo.
Esa es la estampa que resume 25 años de historia: Álora unida en torno a la Virgen de los Dolores, con Jesús Nazareno como garantía de fraternidad. Y allí, en medio de ambos, brillan para siempre los hombres que solicitaron y aceptaron en nombre de sus cofradías un episodio entrañable de la historia local. Gracias por hacer posible aquel sueño coronado de amor y esperanza.
Francisco Lucas Carrasco Bootello



