22 septiembre, 2021
Inicio A los pies del Nazareno Ellos hicieron historia Lucas Carrasco Rodríguez (1902 - 1967)

Lucas Carrasco Rodríguez (1902 – 1967)

Lucas Carrasco Rodríguez nacía el lunes 22 de julio de 1902, a las siete de la tarde, y curiosamente, al nacer tuvo dificultades igual que yo. Fue bautizado al día siguiente por consejo de la partera pues creían que no sobreviviría, así lo cuenta su padre Tomás Carrasco Reyes en su diario una de las joyas de mi archivo personal.

Tuvo la desgracia de quedar huérfano de padre con tres meses. Desde entonces,  su madre, María Rodríguez Ruiz,  tuvo que ingeniárselas  para  criar  a su único hijo .  Fue determinante  en su vida  la figura de su padrino  don Francisco Enríquez Antolinez de Castro que  hizo  todo lo imposible  porque no se notará la ausencia  paterna; el tener su domicilio  en la Estación de Álora  vínculó emocionalmente a Lucas con esta barriada durante toda su vida, curiosamente otro paralelismo conmigo.

Mi nombre y el ser un apasionado del Nazareno son prácticamente legados recibidos suyos. Su vida cofradiera comenzó uno de los tres jueves grandes del año,  no precisamente el Jueves Santo;  fue el Corpus Christi de 1913 cuando tenía once años. La Hermandad de Jesús puso su altar para el Corpus en la entrada de la calle Negrillos, bajaron a Nuestro Padre de las Torres para colocarlo en el altar y para que no estuviese en toda la noche colocado, lo llevaron durante la misma al número siete, mismo domicilio donde vivo actualmente, ocupado entonces por mi bisabuela, el pequeño Luquitas y sus tías Dolores Ruiz y Frasquita Moreno.

En acción de Gracias apuntaron a Lucas al Señor de las Torres,  curiosamente con el paso de los años esa misma casa fue cobijo de las ropas y los enseres procesionales de toda nuestra Hermandad durante cuatro décadas hasta que en 2001 pasaron a la Casa hermandad.

Profesionalmente no aprovechó la oportunidad de hacer  carrera universitaria; tras completar estudios primarios en los salesianos de Córdoba, hizo diferentes intentos en el mundo del comercio. 

Fue  uno de los escasos conductores perotes  de la época, desde que tuvo edad de tener permiso, dedicándose al transporte de mercancías e incluso llegó a subsirtir de taxista. Desde los años cuarenta,  hasta su jubilación, fue uno de los oficiales administrativos en la C.N.S. único sindicato  nacional en España hasta 1976.

Muy pronto se introdujo activamente en la Hermandad, conservamos recibo de 1927 y fotos de niño vestido de nazareno; su amistad y lazos familiares con los dirigentes de entonces y especialmente con Pepe Gómez -esposo de la camarera Antonia Trujillo- en aquellos entonces hermano número dos de la cofradía, hicieron que ya en 1921 a la edad de diecinueve años figurase en la Junta Directiva con el cargo de mayordomo efectivo, como se puede leer en la hojita parroquial 194 de febrero de aquel año.

Las ocupaciones de mi abuelo como cofrade fueron diversas. Como más importante destacar que tuvo el privilegio de redactar de su puño y letra los estatutos que rigieron la cofradía desde 1937 hasta que se formalizó la unión con la Virgen de los Dolores en 1943. Otra destacable  labor fue la de vestir al Señor para la procesión y confeccionar las artísticas pestañas que cada año había que renovarle sirviéndose de la cola negra de un cabrito, que manualmente adaptaba a los ojos del Señor.

Contrajo matrimonio con mi abuela Antonia Pérez Vergara, el 16 de junio de 1933. Tuvieron dos hijos Francisco -mi padre- y María del Carmen – mi madrina- 

Las fechas más señaladas de su vida cofrade fueron los días de inmensa tristeza vividos con la destrucción de la imagen del antiguo Nazareno y también paso grandes alegría cuando en la Semana Santa de 1940 la nueva imagen  volvía a llenar de esplendor las calles de Álora. Participo del primer centenario de la Hermandad de procesión en 1960 y  fue activista participe de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa con el cargo de vocal en 1943.

Desde muy joven pareció de corazón aunque él siempre le dio poca importancia. El lunes, 3 de julio de 1967 sentado en el escalón de su casa en calle Negrillos tuvo un infarto que le repetía después de siete meses, poniendo fin a su vida. Desgraciadamente no tuvo la dicha de conocernos a ninguno de sus nietos, algo que le hubiese llenado de satisfacción.

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