Hoy se cumple un año desde que despedimos a mi tía María del Carmen Carrasco Pérez, única hermana de mi padre, y una figura profundamente unida a nuestra familia. Convivimos mas de un cuarto de siglo con ella en el mismo edificio, compartiendo lo cotidiano, los vínculos familiares y también los silencios.
Su ausencia se nota especialmente en días como hoy, cuando nuestra Hermandad se prepara para la salida procesional de Jesús Nazareno de las Torres. Mari Carmen fue camarera de la cofradía durante casi 40 años, y durante todo ese tiempo cuidó con esmero y devoción la cabellera de Nuestro Padre, peinando sus tirabuzones cada Cuaresma. Esa entrega constante dejó una huella imborrable, nos enseñó a querer y a custodiar todo el patrimonio de la Hermandad que estuvo en nuestra propia casa desde 1978 a 2000.
No fue siempre fácil convivir con ella, por sus características peculiares, pero la experiencia de sus últimos años en los que la enfermedad la convirtió en otra persona, nos ayudó a ser más pacientes, más generosos y a vivir con mayor entrega todo lo que la vida nos ponga por delante.
La Hermandad fue, para todos, un episodio más de esa vida compartida, y hoy se hace presente con fuerza en su recuerdo. Que el Señor de las Torres, a quien tanto cuidó, le haya recibido con el mismo cariño con el que ella le sirvió.
Homilía de mi hermano Leandro.-
Como la vela que se va derritiendo, en estos días se ha ido apagando la vida de mi tía Mari Carmen.
A pesar de la fe, no deja de ser misterio la muerte que termina con la vida terrena y la vida de resurrección que comenzamos en la hora de la muerte.
Humanamente es muy doloroso acompañar y ver como un ser querido crucificado por el sufrimiento vive su Gólgota, y la cruz del dolor y de la enfermedad se nos hace difícil de sobrellevar.
Mimada por mis abuelos y bajo la protección de mi padre tuvo una infancia feliz y una juventud donde su medio corazón (mi tío Gonzalo) compartió con ella los mejores 30 años de su vida.
El nacimiento de sus sobrinos le hizo llevar su vida en su instinto maternal al punto que para ella llegamos a ser sus niños.
Como toda persona, con cualidades y defectos, a ella concretamente es cierto que su cualidad marcada por su generosidad puede que la llevara al gran defecto de no mirar por sí misma.
Hoy me quedo con su alegría, con sus ganas de vivir, con su espontaneidad y con su fortaleza demostrada hasta el último momento de muchos vividos con genio y con un temperamento que hacía que en muchas ocasiones se sintiera incomprendida y viviera también sus momentos de soledad.
Tuvo un antes y un después su vida tras la muerte de mi tío hace 31 años. Hoy puede seguir con su Gonzalo en un abrazo que se hace eterno.
El nacimiento de sus resobrinos Carmen, Pilar y Leandro, le fue sirviendo para llenar su vida de ilusiones y proyectos, aunque no exenta de enfermedades de todo tipo que le llevaron a los dos últimos años y medio vivir la cruz del deterioro físico como culmen y preparación desde la purificación y gozar ya hoy de un descanso eterno.
Si es así… más de uno nos habremos preguntado que qué sentido tiene sufrir tanto para al final morir… hoy empiezo a comprender qué el sentido de sufrir es para al final vivir.
Unirse con la enfermedad a la cruz de Cristo, es causa de redención. Me atrevo a decir que se ha ganado el cielo en esta tierra y ha purificado todos sus pecados, que como humana haya podido llegar a cometer.
La victoria no es de la muerte acontecida, la victoria es de su vida que ya forma parte de la familia de los santos, a quienes seguro ha puesto a bailar como a los coros y danzas.
Que encuentro tan bonito con mis abuelos Lucas y Antonia, con mi tío Gonzalo, con mi padre, con mi hermano Jesús, con su amiga Carmelita la Algarrobá con mis tías Lupe y Victoria, sus vecinos de la calle Negrillos y tantos familiares y amigos que nos ha precedido en la señal de la fe.
Hoy ya Jesucristo, camino, verdad y vida te coloca junto al padre donde desde antes de nacer te tenido reservado un sitio.
Fue hace casi dos años y medio en la festividad de la Virgen de Flores, donde su vida comienza el último calvario, terminando hoy también con la Santísima Virgen de Flores, cuya capilla peregrina providencialmente nos ha acompañado en estos días de agonía.
Su alma se deja acariciar a partir de ahora por los rizos y tirabuzones del Señor de las Torres y el lucero más brillante que alumbre la noche del próximo Jueves Santo será portado por ella.
En nombre de mi familia, y en mi propio agradecemos, a todos vuestras muestras de cariño y muestras de condolencia, gracias a los vecinos de la calle Negrillos, a los amigos que nos acompañáis, a nuestro párroco don Felipe, al personal sanitario, que tanto a ella como nosotros nos habéis apoyado y a las personas que como cuidadoras le habéis puesto tanto amor y dedicación al proceso de enfermedad, especialmente a Lupe… nunca olvidaremos sus muestras de cariño para mi tía en esta recta final.
Hoy en esta celebración damos gracias a Dios que tanto nos ama por habernos permitido gozar de su compañía como crucificado en esta etapa junto a mi tía.
Morir sólo es morir
Morir se acaba
Morir es una hoguera fugitiva
es cruzar una puerta a la deriva
para encontrar lo que tanto se buscaba.
Tita, disfruta tu nueva vida, cuídanos e intercede por los que aún seguimos en este valle peregrinando hacia la vida eterna.
Amén

