InicioÁlora eternaArchivo FegasaDon Francisco Campano Díaz

Don Francisco Campano Díaz

Francisco nació en Álora el año 1894, hijo de Agustín Campano y María de la Encarnación Díaz. Se ordenó de sacerdote en 1917 siendo asesinado en el cementerio de Cártama junto a los también sacerdotes Cristóbal Berlanga Perea y  Miguel Díaz Casermeiro el día 3 de septiembre de 1936.

Aunque en las elecciones realizadas en Álora el 16 febrero de 1936 fuera derrotada la izquierda por una diferencia de mas de mil votos, éstos, el día 20 se apoderaron del Ayuntamiento de Álora para imponer sus ideas y en pocos meses se perdió la tranquilidad en el pueblo. Pocos días después, con la sublevación militar del 18 de julio, estos grupos que formaban la izquierda, convierten las amenazas en detenciones, muertes, saqueos e incendios.

Cuando fue implantado el gobierno del Frente Popular, temiendo que las turbas quemaran la parroquia y sus enseres, el sacerdote D. Francisco Campano decide repartir las imágenes en diferentes casas mediante la colaboración e intervención de D. Teodoro Gascón de la Hoz, quien se llevó a su domicilio la imagen de San José, y ayudó a Teresita Cruzado a bajar la imagen de la Virgen de Flores que descansaba sobre un armario en la sacristía de la Parroquia y la entregó a Dª Amelia Marín y a su hija Amelia Morales.

En ese clima antirreligioso que aquí se desarrolla, don Francisco Campano huye del pueblo y se refugia en el pago rural del “Olivo”, una casa de campo que poseía Alonso Torres Pérez con que le unía un vínculo de parentesco al ser sobrino de primo hermano.

Cuando huye, al salir de casa, para no dar señales a donde se dirigía, pasó primero por el camino que llevaba a la ermita de San José para dirigirse hacia el Hacho y desde la ermita bajó hacia la vía del tren, dirección opuesta hacia el Olivo, donde al final llegó a ocultarse. Aunque procuró no dar señales de sus intenciones no pudo evitar que una mujer lo viese y lo delatara ante el Comiter.

Pocos días después se formó una cuadrilla para prenderle, a la que se unió Chico Tachón con ánimo de salvarlo, pues le estaba agradecido por el trato humano que recibía de esta familia los días que iba a trabajar a esa finca, donde era invitado por los dueños a que participara con ellos a la hora de la comida.

Cuando los componentes que integraban esta partida llegaron al cortijo y se encontraron con D. Francisco Campano al que iban a asesinar, Chico Tachón fue preguntando a cada uno de los tres componentes del grupo que él integraba: ¿Tú le pegarías un tiro? Ellos contestaron ¡ no! y dieron a D. Francisco por huido, volviéndose la cuadrilla al pueblo sin el perseguido.

Pasado varios días hubo otra orden de registro en el Olivo y se presentaron allí sobre las dos de la madrugada para sorprenderle. En el rancho estaba durmiendo Frasquito Bueno, marido de Catalina Palomo, que don Francisco trataba como a una hermana. El que iba al frente del piquete ordenó que comenzase el registro sin encender luces y Frasquito estuvo a punto de ser ametrallado al encender una luz para avisar a las mujeres que dormían en el interior del cortijo. Durante el registro estuvieron apuntando a la cabeza a Dolores Sánchez Espíldora, que fue la que me describió a mí estos episodios y posteriormente a Pedro Sánchez Trujillo, pero no encontraron armas y los cartuchos que poseían los tiró Pepita Espíldora a la alberca. Tampoco a D. Francisco Campano porque había huido con Frasquito Hidalgo Pérez a esconderse a la falda del monte Hacho. Las armas de fuego no aparecieron porque al inicio de la contienda las habían entregado en el Ayuntamiento, aunque sí declararon que disponían de las municiones, que fueron requisadas, y a pesar de ello, no se fiaban, levantando las losetas que veían movedizas o las que no encajaban bien. A D. Francisco no le encontraron en este ni en otros registros, porque por las noches, desconfiando, solía rondar fuera de la casa por  la falda del Hacho, junto a Francisco Hidalgo Pérez que vivía en la Plaza Baja y estaba allí también huido.

Ante el temor de los continuos registros que frecuentemente se realizaban en esa finca, pues tenían a D. Francisco en el ojo del huracán, decidió refugiarse en la Fuentarriba, en la casa que habitaba Frasquito Bueno casado con Catalina Palomo, pues ésta se había criado con Campano y se llevaban como  hermanos, casa hoy de Francisco Estrada García y Lina Bootello.

Y allí fue donde le detuvieron posteriormente y llevado a Cártama junto a los también sacerdotes don Miguel Díaz Casermeiro y don Cristóbal Berlanga Perea, donde fueron asesinados el 3 de septiembre de 1936.

Don Francisco Campano figura en la relación provisional de presuntos mártires de la iglesia de Málaga en la Guerra Civil de 1936-39.

Felipe García Sánchez

Fotografía del Archivo Felipe García Sánchez

Comparte en redes sociales
Artículo anterior
Artículo siguiente

ÚLTIMOS ARTÍCULOS